«A beginning is a very delicate time...»
No es la primera vez que escribo y publico algo en Internet. Ni espero que sea la última. Simplemente, como dice la intro de la película Dune (la menospreciada joya de David Lynch), el principio siempre es difícil (citado del doblaje «latino»).
Luego uno no sabe de qué hablar. O no tiene ideas en la cabeza y no habla porque no hay manera (incluso así, nunca faltan los verbosos). O, lo peor, tiene un cúmulo de ideas y no se sabe por dónde empezar. Y no es que yo sea un genio o una fuente inagotable de ideas, pero el ser un introvertido muy curioso llena automáticamente mi cabeza de tantas cosas que no es tan fácil que salgan.
En mi caso, después de mucho pensar en el cómo, opté por diversificar los lugares en donde pondré mis palabras. El objetivo es tener un poco de orden a la hora de vaciar mis ideas, impresiones o cualquier cosa que quiera comunicar al mundo, aunque ni siquiera se dé cuenta el mundo. Aunque ya tengo el lugar donde normalmente, aparte de mis cuadernos, vacío todo, es bueno contar con un sitio en donde pueda, por ejemplo, desahogar los aspectos más personales sin tanta complicación (me cuesta bastante expresarme por escrito). Ese sitio es, y espero que sea siempre, Pagecord, una maravillosa idea muy acorde con mis ansias minimalistas y lejos del bullicio tóxico que predomina en las redes sociales y el resto de la Red.
Podría decir en este momento de qué escribiré aquí, pero es muy fácil decirlo, difícil llevarlo a cabo. Y no quiero caer en esa trampa sabiendo lo que ya te he dicho: que se me dificulta mucho materializar mis ideas en palabras escritas. Sin embargo, sí tengo, al menos ahora, un propósito: escribir sin tanto escrúpulo por la forma. Y eso viene de mi intención de hablar aquí de los temas que me apasionan, que son varios y que, ojalá, verás pasar por aquí cada que tenga un rato libre. Varios de ellos vendrán de otros lugares en donde ya fueron publicados hace años, muchos sin edición, algunos otros actualizados, pero ninguno sin ser rescatado (aún no me decido si borraré todos esos viejos sitios y redes en aras de una mayor paz mental, pero más vale).
Tengo una obsesión con mis «letras» parecida a la de Robert Burton, autor de la Anatomía de la melancolía, y es la de editar constantemente lo que escribo, aun después de publicado. Pero me propongo, por lo menos aquí, soltar sin mirar. No es que pretenda escribir basura, sino que no me fijaré en si me leerán o no, solo en si estoy siendo fiel a mis principios y leal a mi esencia, a lo que desde niño me ha hecho sentirme fascinado por el mundo, desde la naturaleza hasta el mundo virtual creado por la humanidad.
Eso sí, concluiré citando al ya mencionado Robert Burton para expresar, sutilmente, una de las razones por las que me he decidido a escribir:
Luego uno no sabe de qué hablar. O no tiene ideas en la cabeza y no habla porque no hay manera (incluso así, nunca faltan los verbosos). O, lo peor, tiene un cúmulo de ideas y no se sabe por dónde empezar. Y no es que yo sea un genio o una fuente inagotable de ideas, pero el ser un introvertido muy curioso llena automáticamente mi cabeza de tantas cosas que no es tan fácil que salgan.
En mi caso, después de mucho pensar en el cómo, opté por diversificar los lugares en donde pondré mis palabras. El objetivo es tener un poco de orden a la hora de vaciar mis ideas, impresiones o cualquier cosa que quiera comunicar al mundo, aunque ni siquiera se dé cuenta el mundo. Aunque ya tengo el lugar donde normalmente, aparte de mis cuadernos, vacío todo, es bueno contar con un sitio en donde pueda, por ejemplo, desahogar los aspectos más personales sin tanta complicación (me cuesta bastante expresarme por escrito). Ese sitio es, y espero que sea siempre, Pagecord, una maravillosa idea muy acorde con mis ansias minimalistas y lejos del bullicio tóxico que predomina en las redes sociales y el resto de la Red.
Podría decir en este momento de qué escribiré aquí, pero es muy fácil decirlo, difícil llevarlo a cabo. Y no quiero caer en esa trampa sabiendo lo que ya te he dicho: que se me dificulta mucho materializar mis ideas en palabras escritas. Sin embargo, sí tengo, al menos ahora, un propósito: escribir sin tanto escrúpulo por la forma. Y eso viene de mi intención de hablar aquí de los temas que me apasionan, que son varios y que, ojalá, verás pasar por aquí cada que tenga un rato libre. Varios de ellos vendrán de otros lugares en donde ya fueron publicados hace años, muchos sin edición, algunos otros actualizados, pero ninguno sin ser rescatado (aún no me decido si borraré todos esos viejos sitios y redes en aras de una mayor paz mental, pero más vale).
Tengo una obsesión con mis «letras» parecida a la de Robert Burton, autor de la Anatomía de la melancolía, y es la de editar constantemente lo que escribo, aun después de publicado. Pero me propongo, por lo menos aquí, soltar sin mirar. No es que pretenda escribir basura, sino que no me fijaré en si me leerán o no, solo en si estoy siendo fiel a mis principios y leal a mi esencia, a lo que desde niño me ha hecho sentirme fascinado por el mundo, desde la naturaleza hasta el mundo virtual creado por la humanidad.
Eso sí, concluiré citando al ya mencionado Robert Burton para expresar, sutilmente, una de las razones por las que me he decidido a escribir:
Yo escribo sobre la melancolía para permanecer ocupado y así evitar la melancolía.
Así sea.
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